Espacios de esperanza: los refugios en México

Espacios de esperanza: los refugios en México

El gobierno federal debe aumentar el presupuesto para los refugios que atienden a mujeres, niños y niñas sobrevivientes de violencia extrema, para asegurar su operación e incrementar su número.

Dada la labor tan importante que realizan los refugios para proteger y transformar la vida de las mujeres, niños y niñas sobrevivientes de violencia extrema, en el marco del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en Fundar proponemos que se mejore la política pública y se aumente el presupuesto público hacia los refugios en México para asegurar su operación e incrementar su número.

Nunca olvidaré el día que visité un refugio para mujeres, niñas y niños sobrevivientes de violencia extrema. Fue una de las experiencias más fuertes, pero más esperanzadoras de mi vida. Recuerdo momento a momento esa jornada. Era un miércoles 2 de noviembre. La celebración del día de muertos estaba aún en su apogeo, por lo que la ciudad se adornaba de coloridas ofrendas y aún estaba en el aire el olor a flor de cempasúchil. En una reunión previa a la visita, conocimos un poco de la historia del refugio y del trabajo tan admirable que realiza. Posteriormente, subimos a la camioneta blanca que habíamos rentado para la ocasión y nos dirigimos a dicho lugar. Dadas las políticas de confidencialidad de los refugios, el personal nos iba dando indicaciones cada cierto tiempo, pues no podían revelarnos su dirección exacta. Durante el trayecto mi nerviosismo aumentaba, pues tendría la oportunidad –una que no muchas personas tienen– de ver de primera mano un lugar en donde las mujeres, niños y niñas que han sufrido violencia extrema tienen la oportunidad de construir un nuevo proyecto de vida, uno en donde la violencia no tiene cabida.

Al llegar al refugio, me sorprendió la calidez, profesionalismo y compromiso de su personal. Éste nos explicó que el refugio es un espacio temporal y de protección para las mujeres, hijos e hijas que han sobrevivido episodios de violencia extrema –las personas pueden permanecer hasta tres meses en el mismo–. Por el refugio, han pasado cientos de mujeres, niños y niñas –incluso han llegado familias de una mamá con sus ocho hijos e hijas. Dado que el refugio recibe tanto fondos privados como públicos, implementa el modelo de atención integral que contempla la legislación mexicana. Este modelo permite a las mujeres, niños y niñas no sólo atender sus necesidades más inmediatas (de protección, alimentarias o médicas), sino recibir apoyo psicológico, legal, de formación, educación, etc. para comprender y dimensionar la situación que vivieron y construir un nuevo proyecto de vida, cuando dejen este espacio.

Uno de los momentos más especiales de nuestra visita fue el recorrido por sus instalaciones, que son tan cálidas, humanas y acogedoras como su personal. En particular, me conmovió ver en un pizarrón las calaveritas de día de muertos que hicieron las mujeres y los dibujos de los niños y niñas. En la sala de reuniones había también una ofrenda que habían puesto las mujeres y que era tan colorida que iluminó nuestros corazones sólo de mirarla. La parte culminante de nuestra visita consistió en conocer a esas valientes mujeres, niños y niñas que han decidido abandonar una situación de violencia y reconstruirse. Fue en el patio de juegos, en el que los niños y niñas jugaban en la resbaladilla y el puente colgante, donde pudimos al fin intercambiar palabras y sonrisas con las mujeres y sus hijos e hijos y donde los refugios cobraron todo sentido como espacios de esperanza y de seguridad.

Mediante esta visita constaté que los refugios realizan un trabajo admirable. Sin estos espacios confidenciales y de atención especializada, la vida de estas mujeres, niños y niñas estaría en peligro. Sin embargo, como el mismo personal nos compartió, los refugios enfrentan muchos desafíos en su operación y financiamiento. En primer lugar, como señala el Diagnóstico sobre los refugios en la política pública de atención a la violencia contra las mujeres en México elaborado por Fundar, existen sólo 72 refugios en todo el país, es decir, hay uno por cada 900,000 mujeres. Esta cifra es muy baja, a la luz de que 63 % de mujeres de 15 años y más ha experimentado al menos un acto de violencia de género.[1]En segundo lugar, la política pública hacia los refugios es ineficaz. Como señala el mismo Diagnóstico, existen cuatro programas presupuestarios a los que pueden acceder los refugios para recibir recursos –actualmente sólo 42 de los 72 refugios que existen reciben recursos públicos.

Sin embargo, los programas no están coordinados y cada uno es ejecutado por una agencia diferente bajo distintas reglas y modalidades, lo que crea una carga administrativa importante a los refugios que intentan cumplir con todos los requisitos de estas cuatro convocatorias. En tercer lugar, aquellos refugios que logran satisfacer los requisitos de una estas cuatro convocatorias, la del Centro Nacional de Equidad y Género de la Secretaría de Salud, que representa el 90% de los recursos que reciben los refugios en México, tardan de tres a seis meses en recibir los recursos, lo que los pone en una situación muy crítica –algunos tienen que despedir a su personal temporalmente o pedir préstamos. Finalmente, los recursos públicos destinados para los refugios son insuficientes. En 2014, el monto total de recursos públicos para los refugios alcanzó para cubrir solamente la mitad del apoyo financiero necesario para su operación. Al mismo tiempo que estos recursos son insuficientes, la corrupción e impunidad en el país aumentan. Por ejemplo, los 35 mil millones de pesos desviados por Javier Duarte en Veracruz podrían financiar por 60 años los 42 refugios que actualmente reciben recursos públicos.

Dados estos desafíos, desde Fundar, proponemos que la política pública hacia los refugios se revise para que sea más eficaz y coordinada y que el presupuesto hacia los refugios aumente para asegurar la operación de los existentes y para poder aumentar su número. Sólo así podremos asegurar la vida y protección de estas mujeres, niños y niñas que como aquel 2 de noviembre pudieron compartir con nosotros una sonrisa de esperanza.

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 [ Por Janet Oropeza ]

[ Artículo en Animal Político ]