Vuelve la amenaza con proyecto minero

Vuelve la amenaza con proyecto minero

La lucha contra los megaproyectos no termina nunca, es un continuo tejer de resistencias y batallas.

Cada vez es más frecuente escuchar que los proyectos mineros, energéticos y de infraestructura, que fueron detenidos gracias a la presión de la sociedad, vuelven a surgir años después con ligeras modificaciones, pero manteniendo su impacto potencial en las comunidades y en el medio ambiente. Tal es el caso del proyecto minero “La Paila”, anteriormente conocido como Caballo Blanco, ubicado en el municipio de Alto Lucero, Veracruz.

El proyecto Caballo Blanco pretende extraer oro y plata a través de un proceso de minería a cielo abierto, el cual implica la extracción de grandes volúmenes de tierra y, en consecuencia, tiene severas repercusiones al medio ambiente puesto que impacta de manera irreversible en los suelos, el agua y la biodiversidad. Pero más allá del riesgo que implica la minería a cielo abierto, la preocupación por este proyecto aumenta al pretender ubicarlo a tan sólo 3 km de la central nucleoeléctrica Laguna Verde. Esto implica que de concretarse, su operación estaría perfectamente ubicada dentro de las áreas cercanas a la Central Nuclear Laguna Verde (CNLV), mismas que requieren medidas de protección a la población en caso de que ocurriera alguna emergencia, y que han sido definidas a través del Plan de Emergencia Radiológica Externo (PERE).

El PERE define un área conocida como Zona Vía Pluma, que comprende un radio de 16 km alrededor de la central nuclear y, dentro de ésta, se delimita a su vez un área más reducida que se conoce como Área Precautoria que abarca un radio de cero hasta 5 km. Cabe destacar que tanto la delimitación de estas zonas como las medidas de protección a la población están sujetas a la regulación emitida por la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias. Entonces, en una zona considerada como crucial ante una emergencia nuclear, ¿no sería el Área de Precaución una zona que debería estar libre de proyectos de alto riesgo como es la operación de una mina a cielo abierto?, ¿no debería garantizarse la seguridad de la población por encima de cualquier otra actividad económica?

La sola existencia de la Central Nuclear Laguna Verde, construida desde hace más de dos décadas a pesar de una fuerte oposición social, representa por sí misma un motivo de constante preocupación no sólo para la sociedad veracruzana, sino para el país, que ante una eventual emergencia radiológica tendría que evaluar a nivel de competencia federal las medidas ante los posibles impactos de la radiación en agua, aire y suelos, y evitar que sus potenciales efectos puedan dañar a la población.

Aunado al riesgo del proyecto Caballo Blanco, es necesario señalar que la minería en México es un sector sobrevalorado; la extracción de minerales metálicos no es esa actividad pujante que deja una derrama invaluable en la economía mexicana, su aporte al PIB es menor al 1 %. En cuanto a las promesas de empleo y desarrollo local, estimaciones señalan que por cada mil dólares de oro vendido, las comunidades solo reciben en promedio 5.9 dólares. En ese sentido, pese a la bonanza de la industria minera, las condiciones de pobreza, pobreza extrema e inseguridad alimentaria prevalecen en buena parte de los municipios mineros.

En 2015, la producción de oro se concentraba en 22 municipios del país que, además, compartían algunas otras características como el nivel de pobreza y pobreza extrema. Los datos son claros al respecto: el 76 % de estos municipios tiene niveles de pobreza mayores al promedio nacional y más del 50 % alcanzó niveles de pobreza extrema que sobrepasan el promedio nacional.

Al ser un tema que podría representar un enorme riesgo para todos los mexicanos, dada su cercanía a la central nuclear, es importante manifestar también la necesidad de someterlo a consulta pública a toda la población. Finalmente, como señalan los zapatistas: la lucha es un proceso circular, se sabe dónde empieza, pero nunca se sabe dónde y cuándo termina.


 [ Por Beatriz Olivera ]

[ Artículo en Animal Político ]