A pesar de contar con un marco legal avanzado, el país enfrenta una brecha profunda entre la ley y su implementación, lo que perpetúa la impunidad y la repetición de estas violaciones.
Hablar de un México sin tortura exige, mucho más que una campaña: requiere transformar la forma en que el Estado previene, investiga, sanciona y repara esta grave violación a los derechos humanos.