¿Cómo garantizar el cuidado de las mujeres jornaleras si no las escuchamos?

El 24 y 25 de agosto se llevó a cabo el 4° Encuentro Nacional de Cuidados, que tuvo por lema “El futuro de los cuidados en México”. Por primera vez, este evento salió de la Ciudad de México y se instaló en Jalisco, con un mensaje político claro: esta agenda no puede pensarse solamente desde el centro ni desde la perspectiva urbana; su construcción debe hacerse también desde los territorios, reconociendo las distintas realidades sociales, culturales, etarias y económicas que existen.

El encuentro fue un espacio que permitió incorporar a actores fundamentales para la discusión, como los sindicatos y la academia. Como parte de la Alianza Campo Justo, Fundar y la Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras Agrícolas, participamos acompañando a dos mujeres jornaleras pertenecientes a pueblos originarios: Sofía, originaria de Guerrero, y Susana, quien vive en un asentamiento de familias jornaleras en Sonora que, con el apoyo de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social, pudieron viajar desde sus comunidades para presentar sus demandas ante autoridades y organizaciones de la sociedad civil en dos mesas de diálogo transversal.

En la mesa de “Cuidados desde las perspectivas de las infancias”, donde participaron representantes del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, la Secretaría de Economía, la Secretaría de Hacienda, así como compañeras de organizaciones como el Colectivo de Cuidadoras en Resistencias, Mexiro y madres con hijas e hijos con discapacidades, las autoridades presentaron un esbozo de sus avances, los cuales contrastaron con el diagnóstico de la realidad que pusieron las madres y las organizaciones.

Escuchar las necesidades de las mujeres jornaleras

Susana, mujer jornalera del Poblado Miguel Alemán, expuso la necesidad de una guardería en su comunidad, dado que no existe infraestructura que les brinde esa atención, en parte debido a que no hay información sobre las mujeres jornaleras que ahí radican, pues no son contabilizadas, ya que no cuentan con contrato, ni documentación que valide de manera legal su incorporación en el mundo laboral.

En la mesa “Cuidados comunitarios en zonas rurales, indígenas y del mar” se habló en torno a la necesidad de territorializar los diagnósticos y sistematizarlos, para que las políticas sean flexibles y que puedan ajustarse de manera real a las necesidades específicas y diferenciadas de cada comunidad y territorio. En esta mesa, la participación de Sofía, de Guerrero, puso en el debate la necesidad de que se contemple a las comunidades de origen, porque no siempre las mujeres cuentan con redes de apoyo para el tema de cuidados. De ahí hizo un llamado para habilitar guarderías, así como garantizar el abasto de medicamentos en los centros de salud, y llamar a que los programas federales que llegan a sus comunidades contemplen protocolos de cuidados que les brinde alternativas a las madres jornaleras, ya que  la ausencia de estos solamente incrementa sus cargas laborales y de cuidados.

Las participaciones de Sofía y Susana permitieron que la voz de las personas jornaleras y sus comunidades estuvieran presentes en las discusiones y reflexiones; si ellas no hubieran estado ahí, la población jornalera simplemente no habría formado parte del encuentro.

Una oportunidad de cambio de paradigma

Estos encuentros son espacios pensados para fortalecer el diálogo, compartir experiencias y trabajar para la construcción de políticas públicas. Sin embargo, cuando las autoridades toman la palabra para presentar avances y propuestas, es indispensable que lleguen también con voluntad de escuchar respecto de lo que aún falta por fortalecer, modificar o incluso replantear en la política pública. En términos de cuidados, eso implica mirar los territorios y las necesidades de las personas que los trabajan; ejemplo de ello son las mujeres jornaleras que, además de vivir las mismas experiencias que sus pares hombres como las condiciones precarias en el trabajo, la inseguridad laboral y en los caminos, y la falta de seguridad social; también se enfrentan a violencias, discriminaciones y omisiones por razones de género.

Pensar los cuidados únicamente como una herramienta para mejorar la productividad de las mujeres y máxime de las mujeres jornaleras, resulta contradictorio con la esencia misma de esta agenda. Las políticas de cuidado no deben diseñarse e implementarse desde una lógica meramente mercantilista que continúe viendo los cuerpos, el tiempo y el trabajo de las mujeres como un espacio para las ganancias. Por el contrario, debería pensarse como la garantía de un derecho para la mejora de las condiciones de la sociedad en general, y una oportunidad de cambio de paradigma para alcanzar una sociedad más justa y equitativa.

La agenda de cuidados es una lucha de la clase trabajadora

Ejemplo de ello es lo que se ha contemplado en la actual política industrial, la cual incorpora un componente relacionado con los cuidados, a partir del cual se busca negociar con las empresas para que en los polos de desarrollo exista infraestructura para servicios como comedores, lavanderías, espacios de lactancia y de autocuidado. No obstante, este punto no debería ser negociable, sino exigible por parte del Estado, para que este sector que se ve beneficiado del trabajo de las mujeres, tanto del pagado como del no remunerado, garantice las mínimas disposiciones para que las mujeres puedan realizar su trabajo con dignidad.

Estas condiciones no deberían estar ancladas a incrementar la productividad, sino con miras a avanzar hacia un cambio cultural que tome en cuenta el papel relevante de las mujeres, y en el que los actores que obtienen más beneficio del trabajo remunerado y no remunerado cumplan con sus obligaciones.

Por eso resulta preocupante que, aunque la población jornalera agrícola aparece mencionada entre las prioridades de la administración de Claudia Sheinbaum, su realidad no haya estado presente en las intervenciones de las autoridades durante las diferentes mesas de diálogo y talleres del encuentro.

La agenda de cuidados es también una lucha de la clase trabajadora y, sobre todo, es un derecho, ya reconocido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. No es suficiente su reconocimiento jurídico si esto no se refleja en la práctica. Por ello, hasta que no sea garantizado para todas las personas, seguirá siendo necesario exigirlo, defenderlo y luchar por su cumplimiento.

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