El 5 de junio es el día mundial del medio ambiente y vale la pena recordar que la principal causa para agravar la actual crisis climática son los combustibles fósiles. Los reflectores estarán puestos sobre las discusiones climáticas en Bonn en donde, entre otros temas, se presentarán los avances de la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, que se llevó a cabo en abril pasado en Santa Marta, Colombia, ya que uno de los puntos más importantes de la Carta de Belém es elaborar hojas de ruta nacionales para reducir la dependencia de combustibles fósiles.
En este sentido, las hojas de ruta para la salida de los combustibles fósiles son fundamentales porque permiten establecer metas claras, plazos definidos y mecanismos concretos para reducir progresivamente la dependencia del petróleo, el gas y el carbón. Sin una planificación estructurada, la transición energética puede volverse desordenada, generar incertidumbre económica y retrasar las acciones necesarias para enfrentar la crisis climática. Además, las hojas de ruta pueden ayudar a coordinar políticas públicas, inversiones y compromisos internacionales, promoviendo una transición justa, y con ello garantizar el apoyo a las comunidades impactadas y trabajadores y trabajadoras que dependen de las industrias fósiles.
Antes de la conferencia de alto nivel en Colombia, se llevó a cabo la Cumbre Popular por un Futuro Libre de Combustibles Fósiles, una movilización de tres días que reunió a comunidades en primera línea, sindicatos, pueblos indígenas, afrodescendientes, feministas, jóvenes, personas trabajadoras en la agricultura y pesca, así como movimientos sociales de todo el mundo. Casi 1000 organizaciones se unieron en torno a una Declaración de la Cumbre Popular, que influyó directamente en el diálogo gubernamental. La cumbre de los pueblos aglutinó tres días de compromiso, energía y esperanza que reflejan décadas de lucha y la convicción compartida de que la era de los combustibles fósiles puede y debe terminar.
Entre las acciones concretas, la Conferencia estableció un Panel Científico para la Transición Energética Global (SPGET, por sus siglas en inglés), el cual tiene el desafío de sintetizar las perspectivas y propuestas del Sur Global. Este primer reporte será presentado en la COP 31, en noviembre de este año. Sin embargo, las conclusiones de la Conferencia no tienen el alcance de las propuestas sustanciales presentadas por la sociedad civil, y esa brecha debe subsanarse.
México asistió a la conferencia de Santa Marta sin llevar un posicionamiento público de la voluntad política del Estado de replantearse el modelo fósil que sigue impulsando y con la amenaza de hacer fracking en todo el territorio nacional. De esta manera, México está perdiendo la oportunidad de sumarse al compromiso de construir rutas para la salida ordenada de los combustibles fósiles.
Estos compromisos climáticos envían una señal política y económica global clara de que el futuro energético debe basarse en un sistema energético sostenible y soberano. Por su parte, las hojas de ruta pudieran permitir transformar dichos compromisos internacionales en acciones concretas a nivel nacional y local, asegurando que la transición energética sea efectiva, transparente, ordenada y justa.