Este 10 de mayo no llegan todas las madres buscadoras

“No llego sola, llegamos todas” dijo la presidenta Claudia Sheinbaum en su toma de protesta el 1 de octubre de 2024. Sin embargo, en su discurso olvidó mencionar a las madres buscadoras, quienes no recibieron una sola palabra de reconocimiento y solidaridad. Esta omisión estuvo en congruencia con los “100 compromisos para el Segundo Piso de la Transformación” [1], en el cual la desaparición de personas estuvo ausente, aludiendo solamente a la verdad y justicia para el caso Ayotzinapa.

No obstante lo anterior, la grave problemática por la que atraviesa el país logró posicionarse en la agenda política a nivel nacional con un carácter primordial y urgente después del atroz hallazgo del Rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco, dado a conocer el 5 de marzo por el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco.

A un mes de dicho acontecimiento, que rápidamente se tornó de interés nacional e internacional, el 1 de abril la presidenta anunció un paquete de reformas a la Ley General en Materia de Desaparición Forzada, para hacer frente a la problemática. Pero el 5 de abril el Senado frenó el avance de dichas reformas y la presidenta anunció que, para garantizar la participación de las familias, abrirían espacios a modo de mesas para escucharlas con el objetivo de incorporar sus observaciones y propuestas.

Algunas se han ido de este plano físico por la cronificación de enfermedades; otras han sido víctimas de desaparición. Es el caso de Lorenza Cano [3], integrante del colectivo Salamanca Unidos Buscando Desaparecidos, quien fue privada de su libertad el 15 de enero de 2024 en Salamanca, Guanajuato, y cuyo hijo y esposo fueron asesinados en ese hecho.

También nos faltan todas aquellas buscadoras que cobardemente han sido asesinadas, como es el caso reciente de la integrante del colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, María del Carmen Morales y su hijo Jaime Daniel Ramírez, asesinados el 24 de abril. Madre e hijo, integrantes del colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, buscaban a Ernesto Julián Ramírez Morales, desaparecido el 4 de febrero de 2024 en Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco [4].

Unas semanas antes, el 2 de abril, Teresa González Murillo [5] -integrante del colectivo Luz de Esperanza Desaparecidos Jalisco- perdió la vida tras sufrir un ataque armado el 27 de marzo. Estos dos casos recientes ocurridos durante el mismo mes, se suman a otros casos registrados [6], que evidencian la crítica situación de exposición a los riesgos latentes en la que se encuentran las madres en búsqueda y sus familias.

La muerte de mujeres y madres en búsqueda debe enmarcarse en un continumm de violencias [7] (estructurales, institucionales, extremas, cotidianas y de género) que antecedieron a la desaparición y que posteriormente continuaron, en casos extremos, culminando con sus vidas. Trazar las violencias que la mayoría de ellas experimentan a lo largo de sus historias de vida permite ampliar el marco temporal que suele limitarse al hecho victimizante, dejando de lado las condiciones socioeconómicas y otras vulnerabilidades que sufren, así como a las que hacen frente a lo largo de su vida.

Una mirada integral y no reduccionista quizás permita construir e implementar políticas públicas (ancladas a la realidad contextual de las sujetas políticas), que doten de contenido expresiones como “llegamos todas”. Hacer legible la coexistencia de violencias, puede aminorar los riesgos, prevenir tragedias y reducir el abanico de daños, además de dignificarlas en su capacidad de agencia reconociéndolas como defensoras de derechos humanos.

Cuidar a las madres y mujeres buscadoras en un sentido amplio implica, en primer lugar, el deber que tiene el Estado y las instituciones de asumir las búsquedas y no regresarles a ellas dicha responsabilidad con los riesgos que conllevan. Y en este escalón básico, la deuda es transexenal.

Es en la potencia del hacer y ser a partir de lo común, la pérdida de un ser amado, que en el marco de este 10 de mayo se realizarán diversas movilizaciones a nivel local en varios estados. En el centro del país, la convocatoria para acompañarlas en su caminar en la “XIII Marcha de la Dignidad Nacional Madre Buscando a sus Hijo, Hijas, Verdad y Justicia”, es a las 10:00 a.m. del Monumento a la Madre al Ángel de la Independencia. Todas y todos somos parte del cuerpo social y nos necesitamos para hacer frente a la barbarie cotidiana, para exigir que “lleguemos todas”.

  1. El documento fue publicado el 3 de octubre y puede descargarse aquí.
  2. Para leer más al respecto, se sugiere leer el artículo “Maternidades en búsqueda: impactos continuados y política de desatención”. Disponible aquí.
  3. Desde el 2018 buscaba a su hermano José Francisco Cano Flores.
  4. Cabe mencionar que integrantes de este colectivo fueron los primero en ser recibidos el pasado 7 de abril por funcionarios de la Secretaría de Gobernación en el marco de las mesas de diálogo referidas anteriormente.
  5. Desde el 2 de septiembre de 2024 buscaba a su hermano Jaime González Murillo, desaparecido en Guadalajara, Jalisco.
  6. De acuerdo con el portal Pie de Página, de 2010 a la fecha son 27 los casos de buscadores asesinados, sin contar el más reciente de María del Carmen.
  7. Para adentrarse más en las implicaciones de esta noción, sugiero la lectura del libro ”Nada detiene al amor. Historias de vida de familiares de personas desparecidas en el Norte de Sinaloa”.

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