La corrupción, como la humedad, debilita hasta las estructuras más fuertes

En las últimas semanas las noticias sobre el crimen organizado, el tráfico de drogas, el robo de combustible y la violencia a su alrededor han inundado los medios de comunicación en nuestro país y han dejado ver que la corrupción, como la humedad, se ha colado en todos los cimientos del Estado mexicano provocando daños estructurales.

El Huachicol fiscal ejemplifica dichos daños, pues aún frente a estructuras que parecieran fuertes y confiables, como son las Fuerzas Armadas o la Marina, la falta de transparencia, de prevención o de mecanismos de control permite que elementos externos o internos, como el crimen organizado o el abuso en el ejercicio del poder genere encharcamiento de aguas que, con el tiempo, se filtran en las grietas y afecten hasta los cimientos más duros.

Entender la corrupción como fenómeno complejo, sistémico y estructural permite analizar el problema desde distintos ángulos y los elementos necesario para restaurar los daños ya generados por su filtración. El Huachicol fiscal nos muestra que la corrupción se manifiesta en diversos esquemas, no sólo a través de desvío de recursos, pues este implicó diversas irregularidades, además del contrabando de combustible, el uso de facturas falsas, la manipulación de los mercados, la evasión fiscal o incluso el uso de las mismas instituciones públicas, como las aduanas marítimas.

Además, que se da en modelo de complicidad y conformación de redes, incluso transfronterizas, que no solo abarca al crimen organizado, sino también a actores políticos, empresariales, funcionarios públicos de las aduanas y hasta actores de las Marina, quienes ante las fallas de los controles institucionales, y la impunidad han generado pérdidas al erario público estimadas en más 600 millones de pesos por parte de la Procuradora Fiscal de la Federación, y que ha generado la apertura de al menos 109 expedientes penales.

Además, resulta preocupante que, desde el descubrimiento público de este escándalo de corrupción, se ha reportado la muerte o asesinato de varios integrantes de la Marina que han intentado denunciar, demostrando que la magnitud de la filtración de la corrupción puede ser incluso mayor de lo que pareciera.

Este caso nos deja lecciones claras, por un lado: apostar por la transparencia y la rendición de cuentas como controles institucionales para prevenir la corrupción en todas las esferas que interactúan con lo público, como son los privados o empresas, pero sobre todo en fueros que históricamente han sido cerrado, como lo son las Fuerzas Armadas.

Por otro lado, los asesinatos y muertes de los informantes que denunciaron los esquemas del Huachicol fiscal también dejan latente la urgencia de avanzar en un sistema de protección de personas denunciantes y alertadoras que garantice ampliamente el anonimato y la confidencialidad, pero sobre todo que preserve la integridad física y personal.

Para evitar que la macro criminalidad se cuele por las grietas, los controles de ejercicio del poder público deben de ser impermeabilizados desde sus cimientos, es decir, apostar por el fortalecimiento de los pesos y contrapesos, generar un sistema de ventilación, que se puede asimilar con amplias prácticas de transparencia, aun cuando se trate de las Fuerzas Armadas y reparar las fisuras ya generadas, es decir que se investiguen y sanciones las irregularidades, de lo contrario seguiremos sufriendo filtraciones de corrupción que poco a poco irán debilitando el estado de derecho y el respeto por los derechos humanos.

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