Llaman al gobierno mexicano a acotar el modelo fósil, no impulsar el fracking y dar un viraje decidido hacia la transición energética

  • La salida de los combustibles fósiles es impostergable y México debe marcar el rumbo.
  • La transición energética requiere de una hoja de ruta clara y del financiamiento suficiente para hacerla realidad.
  • México debe adherirse al Tratado sobre Combustibles Fósiles.

Santa Marta, Colombia, 24 de abril de 2026.– Organizaciones y representantes de comunidades indígenas reunidas en la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, en Santa Marta, Colombia, llamamos al gobierno mexicano a evitar profundizar la dependencia de los combustibles fósiles con el impulso al fracking y a trabajar en alternativas para salir del petróleo y gas.

México se encuentra en un momento clave para elegir entre perpetuar un modelo fósil agotado, como lo muestra la reciente crisis del derrame petrolero en el Golfo de México ocurrido en febrero, en el que las autoridades prefirieron ocultar la información en vez de informar y actuar para su contención.

Asimismo, no debe impulsar prácticas de extracción de hidrocarburos altamente dañinas y tóxicas para la salud y el ambiente como el fracking, debe asumir con determinación el liderazgo de una transición energética justa, ordenada y dentro del marco de los derechos humanos.

La evidencia científica disponible es concluyente en afirmar que la salida de los combustibles fósiles no es una opción discrecional, es una urgencia histórica.

Es necesario desmentir la falsedad de que el gas, obtenido mediante fracking, es un combustible de transición, por el contrario, este solo afianza la dependencia de los fósiles, debilita la soberanía energética y retrasa las soluciones reales. Además de que no existe fracking sustentable, pues sigue siendo una técnica costosa, peligrosa, y altamente contaminante e insostenible.

El Estado mexicano debe actuar con responsabilidad histórica y asumir un liderazgo regional e internacional mediante la adhesión al Tratado sobre Combustibles Fósiles, que es un acuerdo vinculante para detener la expansión de la producción de carbón, petróleo y gas, y gestionar su eliminación progresiva y justa. Esto sí es coherente con los compromisos climáticos globales del país.

La emergencia climática y el agotamiento de los recursos petroleros no dan tiempo para ambigüedades; es indispensable construir una hoja de ruta vinculante para la desfosilización de la matriz energética y económica del país, con metas claras, plazos definidos, presupuestos y mecanismos efectivos de implementación y planeación, evaluación y rendición de cuentas, sustentada en la mejor ciencia disponible y en la consistencia de todas las políticas públicas, así como con el presupuesto público necesario.

Es urgente que el gobierno mexicano destine recursos al Fondo para la Transición Energética y el Aprovechamiento Sustentable de la Energía, en cumplimiento de la Ley de Planeación y Transición Energética.

Actualmente, el 53% de los recursos del Anexo 15. Recursos para la Estrategia de Transición para Promover el Uso de Tecnologías y Combustibles más Limpios del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) se destinan a programas relacionados con infraestructura ferroviaria y con el Tren Maya, que no tienen una relación sustancial con la transición energética.

Insistir en un modelo basado en el despojo y la destrucción compromete el futuro. La transición energética necesaria para el bienestar de la mayoría sitúa en el centro la defensa del territorio, del agua y de la vida. No hay soberanía sin pueblo ni territorio. Romper con el modelo fósil además de una necesidad técnica y ambiental, es también una condición necesaria para la justicia social y la posibilidad de construir un porvenir común.

Posicionamiento leído por las organizaciones

No más combustibles fósiles: México debe marcar el rumbo

Las organizaciones sociales firmantes reconocemos que la salida de los combustibles fósiles ha dejado de ser una opción y se presenta como una urgencia histórica ineludible. En el actual contexto de crisis climática global y reconfiguración geopolítica del sistema energético, México se encuentra ante una decisión estructural: profundizar un modelo fósil que evidencia signos claros de agotamiento o asumir un liderazgo decidido hacia una transición energética justa, ordenada y basada en derechos humanos. 

La evidencia científica acumulada muestra que el régimen energético vigente ha alcanzado límites geológicos, económicos, sociales y ambientales. La creciente dependencia al gas y el declive sostenido de la producción petrolera no solo cuestionan su viabilidad, sino que exponen la fragilidad de un modelo que compromete la seguridad energética y profundiza desigualdades, en un contexto de alta dependencia fiscal de los ingresos fósiles. Persistir en esta trayectoria implica sostener un sistema que externaliza costos hacia los territorios y las poblaciones más vulnerables, reproduciendo formas de injusticia ambiental y social. 

En este escenario, resulta imprescindible que el Estado mexicano asuma una responsabilidad histórica acorde con la magnitud del desafío. Esto implica adoptar una posición clara en el ámbito internacional, incluyendo la adhesión al Tratado sobre Combustibles Fósiles y el respaldo a iniciativas clave de descarbonización y reducción de emisiones de metano. No hay margen para ambigüedades: se requiere una hoja de ruta vinculante para la salida de los combustibles fósiles, con metas precisas, plazos definidos y mecanismos efectivos de implementación y rendición de cuentas, sustentada en evidencia científica y de impacto social y en la coherencia entre políticas públicas. 

La transición energética exige, además, la articulación de la política energética con la política climática y económica. La actual desconexión entre estos ámbitos debilita la viabilidad de largo plazo y contradice principios básicos de justicia intergeneracional. No puede considerarse desarrollo a un modelo que sacrifica la vida, la salud y los equilibrios territoriales en función de beneficios de corto plazo. En este sentido, la transformación del sistema energético debe orientarse hacia esquemas democráticos, descentralizados y participativos. 

Empresas públicas como CFE y PEMEX tienen un papel estratégico en este proceso. Su integración plena en la transición implica reorientar sus funciones hacia la sostenibilidad, la diversificación energética y la garantía de derechos, superando su histórica dependencia de los combustibles fósiles. Esta transformación requiere una planificación estratégica que tenga en cuenta los riesgos fiscales y de activos varados, y debe ir acompañada del reconocimiento de las deudas socioambientales acumuladas, mediante mecanismos de reparación integral que atiendan los daños producidos en territorios y comunidades. 

Una transición justa no puede prescindir de las y los trabajadores del sector energético, ni de las regiones y territorios que dependen de las actividades extractivas. Es fundamental garantizar procesos de reconversión laboral digna, fortaleciendo capacidades estatales y asegurando condiciones de empleo justas. Al mismo tiempo, resulta necesario rechazar narrativas que prolongan la dependencia fósil, como la promoción del gas mediante fracking como supuesto combustible de transición, dado su impacto ambiental y su función en la expansión del modelo vigente y su potencial para bloquear inversiones en alternativas.  

La construcción de una nueva gobernanza energética debe basarse en la participación efectiva de la sociedad, asegurando transparencia, acceso a la información y mecanismos vinculantes de decisión. Asimismo, la viabilidad de la transición depende de una asignación suficiente y clara de recursos públicos, junto con reformas fiscales que permitan financiarla con criterios de equidad y justicia. 

Finalmente, la transición energética debe situar en el centro la defensa del territorio, del agua y de la vida. No hay soberanía sin pueblo ni sin territorio. Insistir en un modelo basado en el despojo y la destrucción compromete el futuro. La ruptura con el modelo fósil no es solo una necesidad técnica o ambiental, sino una condición para la justicia social y la posibilidad misma de un porvenir común. 

  1. Alianza Mexicana contra el Fracking
  2. Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA)
  3. Centro de Investigación y
  4. Capacitación Rural (CEDICAR)
  5. Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible
  6. CartoCrítica A.C.
    Centro de Derechos Humanos de los Pueblos del Sur de Veracruz “Bety Cariño”
  7. Centro Mexicano de Derecho Ambiental
  8. CORASON
  9. Defensa Ambiental del Noroeste
  10. Espacio de Coordinación de Organizaciones Civiles sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (Espacio DESCA)
  11. Engenera
  12. Fundar, Centro de Análisis e Investigación
  13. Geocomunes
  14. Leave it in the Ground Initiative (LINGO)
  15. Movimiento Nacional de Hackers por Nuestro
  16. Futuro
  17. Nuestro Futuro A.C.
  18. Nuestro Futuro, Nuestra Energía
  19. Onergia
  20. Organización Familia Pasta de Conchos
  21. Red por la Justicia de los Recursos
  22. RG – Asesoría Legal
Secret Link