Los beneficios fiscales al final del sexenio

A diferencia de las administraciones anteriores, durante este sexenio grandes contribuyentes han sido fiscalizados continuamente y la Federación dejó de perdonarles impuestos. Desafortunadamente, estos avances contrastan con la situación actual de los beneficios fiscales (también llamados renuncias recaudatorias), como las deducciones, exenciones y demás estímulos contemplados en las leyes tributarias que provocan que el Estado recaude menos impuestos. En este texto abordaremos algunos aciertos y desaciertos de los beneficios fiscales durante el sexenio, y ofrecemos diferentes propuestas para evitar que estas políticas continúen beneficiando a las personas y empresas que no necesitan ser apoyadas por el Estado.

Los aciertos

Prohibición de la condonación de impuestos. Las amnistías fiscales del periodo 2007-2015 ocasionaron el perdón de más de 270 mil millones de pesos en adeudos fiscales, y las grandes corporaciones fueron prácticamente las únicas beneficiadas [1]. Bajo este contexto, en 2020 el Congreso de la Unión aprobó una reforma constitucional para prohibir esta práctica y desde entonces la Federación no ha vuelto a condonarle impuestos a grandes contribuyentes.

Eliminación del Impuesto Sexista. A partir del 2022, quienes compran productos de gestión menstrual ya no deben pagar Impuesto al Valor Agregado. Como sostuvimos en #MenstruaciónDignaMéxico, pagar IVA por adquirir estos productos era discriminatorio y afectaba a las mujeres y personas menstruantes de bajos recursos. De acuerdo con estimaciones de la SHCP, en 2024 esta medida beneficiará principalmente a los hogares de menores ingresos y representa una transferencia de 6,344 millones de pesos (0.02% del PIB) [2].

Más información. Desde el 2020 la Secretaría de Hacienda reporta la distribución de algunos beneficios fiscales, según el sexo de las personas contribuyentes. Esta información confirma que prácticamente todas las deducciones y exenciones en el Impuesto Sobre la Renta (ISR) benefician a los hombres de mayores ingresos del país. Como hemos sostenido en nuestro último informe, esta situación es injusta para las mujeres y debería ser evaluada seriamente por las autoridades hacendarias.

Los desaciertos

Desigualdad fiscal. Los beneficios fiscales que son aplicados sobre el ISR benefician a las grandes empresas y a los hombres de mayores ingresos. Por ejemplo, según el último reporte de la Secretaría de Hacienda, en promedio, el 83.5 % de las deducciones personales se concentran en el 10 % más rico de la población, mientras que únicamente el 1.1 % de las deducciones beneficia al 50 % de la población de menores ingresos. El mismo fenómeno sucede con el ISR empresarial: el 10 % de empresas con mayores ingresos se beneficia del 81 % de las deducciones, lo que contrasta significativamente con el apoyo que recibe el 50 % de las empresas de menores ingresos, quienes apenas reciben el 3.9 % del total de deducciones.

Pérdida de recursos. Considerando únicamente los beneficios fiscales aplicados al Impuesto Sobre la Renta, es decir, excluyendo los gastos fiscales para las personas de bajos ingresos (como la tasa del 0 % de IVA en alimentos, medicinas y productos de gestión menstrual), de 2019 a 2024, el Estado mexicano renunció a aproximadamente 2,703,205 millones de pesos, lo que en promedio equivale a una pérdida del 1.4 % del PIB cada año [3].

Más sectores innecesariamente beneficiados.  A nivel global, los beneficios fiscales son criticados por promover la inversión extranjera o el crecimiento económico de las grandes corporaciones a costa de los recursos públicos. Durante este sexenio, a la larga lista de beneficios fiscales para el sector inmobiliario o el sector energético, se han sumado estímulos fiscales para las zonas fronterizas, para la salida a la Bolsa de grandes empresas, así como para promover el nearshoring y la inversión en el Istmo de Tehuantepec. En el caso de los estímulos de la frontera norte, la Auditoría Superior de la Federación identificó que muy pocas empresas son las principales beneficiarias, un problema que también podría replicarse en los estímulos fiscales más recientes [4].  

Sin considerar las renuncias recaudatorias en materia de IVA, existen por lo menos 67 beneficios en la ley del ISR que podrían ser reformados para mejorar la progresividad de nuestro sistema tributario. Evidentemente esta enorme cantidad de beneficios amerita una revisión exhaustiva, desde Fundar creemos que una eventual discusión sobre estas políticas debería considerar los siguientes aspectos [5]. 

Restringir los beneficios para los grandes entes contribuyentes. Para evitar que las grandes corporaciones e individuos multimillonarios accedan a estos apoyos económicos del Estado, sería posible establecer que quienes sean considerados legalmente como grandes contribuyentes o que perciban ingresos distintos al trabajo (como vender acciones o especular en el sistema financiero), no puedan acceder a este tipo de beneficios.

Aprobación y revisión anual. La gran mayoría de los beneficios fiscales provienen de sexenios anteriores y las autoridades nunca han evaluado sus resultados. Consideramos que es necesario que estos beneficios pasen por un proceso de revisión y aprobación anual, similar al Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), para evaluar su efectividad y determinar si deben mantenerse. También, convendría que tanto la ASF como la SHCP evalúen anualmente la gestión y el impacto de estos beneficios.

Fortalecer la transparencia. La información sobre los beneficios fiscales continúa siendo escasa, y en la mayoría de los casos lo que publica la Secretaría de Hacienda son solamente estimaciones. Por tratarse de apoyos económicos que implican recursos del Estado, debería ser totalmente transparente quiéne se beneficia de estas políticas, una circunstancia que legalmente ya está permitida para el caso de las condonaciones de adeudos fiscales.

A pesar de los aciertos de este sexenio, las renuncias recaudatorias continúan favoreciendo a quienes más tienen, y reducen la cantidad de recursos públicos que bien podrían destinarse en fortalecer los programas sociales y mejorar la calidad de los servicios públicos. Las renuncias recaudatorias llevan mucho tiempo siendo diseñadas de manera discrecional y en favor de quienes realmente no las necesitan. Ante los grandes retos fiscales que enfrentará la siguiente administración, reducir o eliminar las renuncias recaudatorias que favorecen a grandes contribuyentes ayudaría a fortalecer la progresividad de nuestro sistema fiscal.

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