Poco, nada y tarde: la nueva política ambiental transversal y sus contradicciones

Mucho se ha escrito sobre el cambio climático como uno de los principales problemas que enfrenta la humanidad, y en donde sus efectos ya se sienten en todos los rincones del mundo. Sin embargo, no todos los países experimentan los impactos de la misma manera. México, por ejemplo, se está calentando a un ritmo más rápido que el promedio global, lo que agrava las vulnerabilidades ambientales, sociales y económicas. Un reciente estudio de la Organización Meteorológica Mundial señala que en 2024 Latinoamérica registró su año más caluroso, en donde México sufrió una de sus peores sequías y olas de calor con temperaturas extremas. Aunado a esto, el aumento sostenido de la temperatura del océano tiene consecuencias devastadoras para los ecosistemas marinos, intensifica huracanes y altera los patrones climáticos que afectan la vida cotidiana. Ante este panorama, la necesidad de actuar de forma inmediata y contundente es más urgente que nunca. El tiempo para la inacción ha terminado; lo que hagamos hoy definirá el futuro del país y del planeta.

En medio de este panorama, la semana pasada la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) presentó la actualización de la Estrategia Nacional de Cambio Climático (ENCC) con el objetivo de promover, formular e instrumentar las políticas necesarias para la mitigación y adaptación al cambio climático. Además, sesionó por primera vez la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático, en donde la SEMARNAT ha coordinado encuentros con diversas dependencias federales para revisar y actualizar las metas de mitigación y adaptación, asegurando una construcción colectiva de la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC). Sin duda, es un buen avance y acierto que todas las secretarías participen coordinadamente con el objetivo de promover, diseñar e instrumentar las políticas necesarias para la mitigación y adaptación al cambio climático, y que no se sea un problema que solo le competa a SEMARNAT.

Por su parte, la actualización de la ENCC de México busca fortalecer el compromiso de nuestro país frente a la crisis climática, alineándose con los objetivos del Acuerdo de París, y preparando una propuesta ambiciosa para la COP30 en Brasil. El documento propone tres aspectos fundamentales: adaptación, mitigación y una política climática transversal. Reconoce que las principales fuentes de emisión son el transporte, la energía y la agricultura, por lo que plantea una disminución del 35 % en las emisiones de CO₂ para 2030. La ENCC contempla la rehabilitación de 100 mil hectáreas de bosques y manglares, además de impulsar la economía circular y la conversión de residuos en energía, por mencionar algunos [1].

A pesar de los avances, persisten preocupaciones sobre la coherencia entre las políticas anunciadas y las acciones concretas. Por ejemplo, las estrategias de industrialización y relocalización del plan México incentivan a que industrias contaminantes, como la petroquímica, se instalen en el país y, al no tener leyes ambientales robustas y adecuadamente diseñadas para la protección del medio ambiente, terminen impactando de manera negativa. Otro aspecto contradictorio es la continuidad de proyectos energéticos fósiles, la apuesta e inversión en gas “natural” y la necesidad de disminuir la dependencia fósil con Estados Unidos abre la puerta a que proyectos de fracking tengan lugar en nuestro territorio. Y es que se ha documentado que el gas “natural” presumido en México como una fuente sustentable de energía, es un combustible fósil compuesto 90 % de metano, responsable de la cuarta parte del calentamiento global. Por último, seguimos observando la falta de un presupuesto correctamente etiquetado de los anexos transversales de cambio climático y transición energética que se sigue utilizando para proyectos que no reducen los impactos del cambio climático ni mucho menos nos acercan a una verdadera transición energética. Estas son algunas de las estrategias que contravienen a las líneas de acción de la ENCC y ponen en riesgo los compromisos de México en materia ambiental.

El momento de actuar es ahora. No basta con tener planes ni estrategias en papel: necesitamos voluntad política, coherencia entre discurso y acción, y una ciudadanía vigilante y comprometida. La crisis climática no es una amenaza futura, es una realidad presente que exige decisiones valientes y urgentes. México tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de liderar con el ejemplo, construyendo modelos de vida justos, sostenibles y resilientes. El futuro no se improvisa. No dejemos que la inacción defina nuestro destino; exijamos que México actúe en concordancia con la emergencia climática con determinación y esperanza.

  1. SEMARNAT, Actualización de la Estrategia Nacional de Cambio Climático. Disponible aquí.

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