Hemos escuchado demasiadas veces la frase que sentencia que “el lenguaje construye realidad”. Sin embargo, puede ser confuso saber a qué se refiere esta idea o incluso tomar postura después de escuchar opiniones diversas respecto a qué constituye el lenguaje incluyente o cuál es su relevancia.
Los cambios en la política de países gobernados por líderes afines a la derecha y la ultraderecha, así como las agresiones hacia grupos históricamente vulnerados e invisibilizados en el lenguaje y en el mundo, como las mujeres y las disidencias, han implicado también limitar la comunicación, manteniéndola constreñida a usos, recursos y valores tradicionales. En este contexto, el valor ético y político del lenguaje cobra enorme relevancia, pues es desde él que se busca construir espacios más amplios y seguros, donde quepan más personas y no solo aquellas que encajan en el llamado “masculino universal”.
En Fundar tuvimos un proceso colectivo, rico y profundo, guiado por reflexiones grupales y cuestionamientos críticos. Como resultado, elaboramos un documento que concentra estrategias de uso del lenguaje sin pretender ser un manual ni un reglamento.
Muchas guías para acercarse e implementar el lenguaje incluyente se limitan a establecer lineamientos o listas —más o menos comprensivas— de alternativas de enunciación para personas o grupos, lo cual puede ser útil en ciertos contextos. Sin embargo, en Fundar buscamos, desde los valores que nos constituyen, hacer evidentes otras desigualdades y violencias —además de las relacionadas con el género o la cisheteronorma— que deben abordarse y visibilizarse desde el lenguaje. Esta reflexión nos llevó a ampliar el alcance de nuestros criterios desde una mirada interseccional, para incluir cuestiones relacionadas, por ejemplo, con la raza y la etnia, y con ello poner en el centro los derechos humanos de las todas las personas.
El proceso de elaboración de estos criterios nos permitió no solo reconocer que el lenguaje no es neutral, sino que, al emplearlo, tomamos partido: por la justicia, por la dignidad y por la visibilidad de mujeres y grupos históricamente discriminados. Durante varios meses nos detuvimos a mirar cómo lo usábamos en nuestras distintas áreas de trabajo y las implicaciones éticas y políticas que tenía hacerlo de ese modo. En estas conversaciones surgieron dudas, tensiones, desacuerdos y acuerdos que nos llevaron a formular la certeza de que el lenguaje es también una herramienta que abre caminos hacia la igualdad.
De este camino resultó una herramienta de análisis y acompañamiento que se ha convertido en el faro de nuestras prácticas comunicativas y que pone al centro de ellas la visibilización de la diversidad de nuestra sociedad, el distanciamiento de discursos –que a veces se convierten en prácticas– que estigmatizan, prejuzgan y violentan, y, principalmente, la dignificación de mujeres, disidencias, pueblos originarios, afro, personas con discapacidad, niñeces, juventudes y otros grupos históricamente silenciados y negados en el lenguaje, desde el respeto a su autodeterminación.
Creemos que este ejercicio puede ser útil más allá de Fundar. Nuestros criterios son un modelo de acompañamiento que invita a reflexionar, a analizar y a tomar decisiones conscientes sobre el lenguaje en distintos escenarios. En ellos se refleja nuestra postura organizacional —feminista, interseccional y comprometida con los derechos humanos— pero, sobre todo, se plasma una búsqueda compartida de consensos, una sensibilidad ética y política y la convicción de que el lenguaje puede contribuir a transformar los imaginarios que sostienen las desigualdades estructurales.
Porque el lenguaje no solo nombra el mundo y quienes lo habitan, sino que también lo transforma, en Fundar elegimos nombrar para abrir caminos, para derribar desigualdades y sembrar realidades más justas para todas las personas, donde el “todos” logre desdoblarse para no ser una camisa de fuerza que legitime una sola visión del mundo.
Conoce más y descarga los Criterios para un uso del lenguaje con enfoque de derechos humanos, género e interseccionalidad de Fundar aquí.