Relatos de una captura y estereotipos de género

Los últimos días en México han estado atravesados por una noticia nacional relevante: la captura y muerte de el “Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Tras el informe de la Secretaría de Defensa en la mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum, en medios y redes sociales comenzaron a circular versiones explicando su caída como resultado de una traición amorosa. Estas narrativas importan porque refuerzan estereotipos de género que alimentan la violencia contra las mujeres en un país donde ha sido normalizada.

Reducir un hecho de esta magnitud –una operación del Estado con amplio uso de recursos técnicos y políticos– a una historia sentimental no es casual ni inocente. En esas notas se afirma la idea de que las mujeres aparecen como interesadas y traidoras; mientras que los hombres se convierten en víctimas de su propia debilidad emocional. El mensaje implícito es peligroso y reafirma el orden social de género: confiar en una mujer debilita, amar expone, sentir es un error.

En un contexto atravesado por la violencia del crimen organizado y el Estado, no es un detalle menor que estos relatos refuercen modelos de masculinidad y se alimente una cultura donde la cercanía con lo femenino se asocia con pérdida de poder, y donde la violencia aparece como una forma legítima de recuperar control.

Pareciera que mencionar a “una mujer” como factor clave resulta más atractivo que hablar de estructuras criminales, fallas institucionales o estrategias de seguridad. Pero esa simplificación tiene costos, porque en el orden simbólico no hay relatos inocentes. Contar la violencia de esta manera reproduce un esquema donde las mujeres son explicaciones fáciles. Es el mismo orden que permite que los feminicidios, la violencia sexual y las desapariciones de mujeres se conviertan en “una nota más” e incluso hasta se expliquen desde la sospecha hacia sus formas de actuar.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública reporta en su Informe de violencia contra las mujeres, sólo para enero de 2026, 54 feminicidios, 18 mil 812 delitos de violencia familiar y 318 delitos de violencia de género; sin embargo, esos datos rara vez ocupan titulares prolongados. No obstante, cuando una mujer puede ser colocada como la causa, el foco mediático se enciende. Es decir, las mujeres aparecen en la conversación pública, pero casi siempre para cargar culpas, casi nunca para nombrar la violencia que las atraviesa.

Desde Fundar creemos que la forma en que se relatan los hechos moldea cómo entendemos el poder y el género, cómo construimos nuestras propias formas de entender el mundo y a quienes lo habitan. Nombrar cómo operan los estereotipos de género en las conversaciones públicas evidencia las estructuras que sostienen la desigualdad y la violencia contra las mujeres.

Como organización, a lo largo de nuestras luchas, hemos apostado por impulsar políticas públicas que coloquen en el centro los derechos humanos y la justicia de género, pero también por disputar los sentidos y narrativas desde los cuales se interpreta la vida pública. Porque transformar las condiciones que permiten la violencia contra las mujeres implica no solo cambiar las instituciones, sino también los relatos que la explican, la nombran o la justifican.

 

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