En los últimos meses se ha intensificado la conversación pública sobre el Plan México, la estrategia del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum que busca promover el desarrollo regional en nuestro país. Este debate coincide con el resurgimiento del interés global por la política industrial, tras haber sido desmantelada progresivamente desde los años ochenta.
Esto tiene sentido: el paradigma neoliberal, que se instauró como guía para organizar las economías y sociedades, relegó al Estado a un rol meramente de facilitador y corrector de fallas de mercado. Se asumió que el mercado era el mejor mecanismo para generar crecimiento y bienestar, y con ello resolver problemas como la pobreza o la desigualdad. Cuarenta años después, es evidente que las promesas del modelo neoliberal no se cumplieron, ni en lo económico ni en lo social.
Entonces, nos encontramos ante una coyuntura donde el contexto global —marcado por tensiones políticas, económicas, comerciales y sociales— nos obliga a repensar el modelo de desarrollo que necesitamos. En el caso de México, se ha vuelto de suma importancia reducir la dependencia externa, particularmente respecto a Estados Unidos. Al mismo tiempo, el gobierno mexicano ha reafirmado su compromiso con la promoción del bienestar social, la justicia económica y social.
Desde Fundar consideramos que este momento debe aprovecharse de forma cuidadosa y estratégica, poniendo a las personas y la naturaleza en el centro, es decir, priorizando la sostenibilidad de la vida. Sin embargo, hemos identificado que uno de los grandes ausentes del Plan México es la perspectiva de género y feminista.
Aunque una de sus metas es reducir la pobreza y la desigualdad (meta 13), las acciones delineadas hasta ahora no reconocen las causas estructurales que históricamente han limitado la autonomía económica, social y política de las mujeres, niñas y diversidades. El orden social de género, que estructura la división sexual del trabajo, ha derivado en una organización social del cuidado profundamente familiarizada y feminizada.
Para transformar esta realidad, es indispensable adoptar el marco de las 5R propuesto por la economía feminista: reconocer, reducir, redistribuir, recompensar y representar el trabajo doméstico y de cuidados, bajo el principio de corresponsabilidad entre el Estado, el mercado, las comunidades y los hogares. Este enfoque permite tejer dos agendas prioritarias para la actual administración:
- La agenda de cuidados, expresada en los avances hacia un sistema nacional, integral y progresivo de cuidados.
- La política de desarrollo productivo, articulada en el Plan México.
Cada vez se habla más de los beneficios de incorporar a más mujeres al empleo formal [1]: más productividad, reducción de brechas salariales, crecimiento del PIB, mayores ingresos tributarios. Pero esta apuesta no puede limitarse a lo económico. Promover la inserción laboral femenina en ausencia de un sistema que redistribuya y reduzca sus cargas de cuidado es condenarlas a una doble jornada invisible y continuar limitando su autonomía. Del mismo modo, si no se crean empleos en sectores intensivos en cuidado —como salud, educación, alimentación— no se avanza en la remuneración y reconocimiento de estos trabajos fundamentales. Y si se implementan políticas productivas sin una visión intercultural que escuche a las comunidades y mujeres en los territorios, no se puede hablar de representación.
Por ello, desde Fundar sostenemos que articular las políticas de desarrollo productivo con la agenda de cuidados, poniendo la sostenibilidad de la vida en el centro, permitiría construir un círculo virtuoso. Esto significaría:
- Reorganizar la estructura productiva nacional para crear más empleos bajo condiciones laborales verdaderamente dignas, mejorar las condiciones económicas de las personas, fortalecer la innovación tecnológica y la integración regional, promover la inversión pública y privada.
- Avanzar hacia una organización social del cuidado más justa, con el Estado como garante de derechos, promoviendo una mayor participación laboral femenina que esté apuntalada en la distribución corresponsable de los cuidados bajo el marco de las 5R.
Nos encontramos ante un gran reto, pero también ante una oportunidad enorme: convertir al Plan México en una hoja de ruta hacia una economía social dinámica, teniendo como eje rector la sostenibilidad de la vida. Hacemos el llamado a las personas tomadoras de decisión, a la sociedad civil, la academia y las empresas, a repensar la política industrial desde esta perspectiva y unir esfuerzos para hacer de nuestro país, un país para todas y todos.