Reivindica “el derecho a la diferencia”, no se conforma con la igualdad de las mujeres con los hombres en cuanto esta implicaría mantener el sistema de opresiones. La diferencia no se plantea como esencia sino como reconocimiento de rasgos, experiencias e historias particulares. Nancy Chodorow, Carol Gilligan y Sandra Ruddik en EU dieron especial importancia a la maternidad y la crianza como bases para una disposición distinta a las relaciones sociales, el cuidado e incluso una autoridad moral particular. En Europa, Luisa Muraro (Italia), planteó el concepto de affidamento entre mujeres, como solidaridad entre quienes han tenido experiencias semejantes; en Francia, Luce Irigaray, desde el psicoanálisis (Lacan) y el postestructuralismo destacó la importancia de reconocer diferencias entre las propias mujeres, por lo cual no habría un sujeto genérico “mujer”. Desde los años 80 y 90, el pensamiento feminista de la diferencia está marcado por las teorías posmodernas que ponen en cuestión los esencialismos y la noción misma de identidad.