Es una crítica a la teoría económica clásica y su marcado sesgo androcéntrico. Destaca el uso del término género en las discusiones de la disciplina para un análisis de las formas de organización del trabajo y el trabajo de las mujeres. Una de sus principales críticas a la economía clásica es la racionalización y justificación de los roles tradicionales de mujeres y hombres en función de sus cuerpos sexuados, en donde los hombres se desarrollan en el mercado laboral y las mujeres se encargan del trabajo doméstico y de cuidados. Además, considera relevante el análisis de la experiencia de las mujeres que se incorporan al trabajo productivo y remunerado, y pone su atención en el reconocimiento del trabajo no remunerado que sostiene el sistema económico capitalista y que invisibiliza los cuidados. Su propuesta teórica, metodológica y política va más allá de una discusión que reconozca los impactos diferenciados en las condiciones de vida y trabajo de mujeres y hombres, apostándole a una perspectiva que ponga al centro de la discusión la sostenibilidad de la vida.