En los años 60 y 70, en países europeos, sobre todo, surge la ex-periencia política de mujeres militantes en partidos marxistas o socialistas que se enfrentaban al sexismo y rechazaban la subordinación de la liberación de las mujeres a la de la clase trabajadora. Este feminismo reconoce la especificidad de las necesidades y luchas de las mujeres, a la vez que las inserta en la lucha más amplia contra la explotación impuesta por el sistema capitalista. Atribuye la dominación de las mujeres al capitalismo y al patriarcado. Busca la igualdad económica de las mujeres y la transformación de las relaciones de poder sobre los medios de producción. Resalta el valor del trabajo no reconocido y no pagado de las mujeres en el cuidado y la reproducción de la vida y, por tanto, la conexión entre explotación en lo privado y en lo público.