Es la marca estructural y dominante de género en torno a lo masculino. Es estructural porque se construye a partir de un sistema social muy establecido, en este caso, un sistema de dominación que es el patriarcado. Además de valorar de manera negativa o inferior todo lo relacionado con la feminidad, también excluye y subordina a algunas masculinidades e identidades que salen del modelo único que promueve como ideal. Aunque en los contextos sociales pueda haber algunas variaciones, estos modelos de masculinidad dominante son similares y su existencia se justifica a partir de la tradición, es decir, hay una naturalización de estas conductas y prácticas. La configuración y perpetuación de estos modelos se da principalmente desde las instituciones sociales (familia, escuela, Estado, Iglesia y otras).