Cuatro transformaciones para movernos mejor

Cuatro transformaciones para movernos mejor

El 8 de agosto tuvo lugar el seminario “Pre$upuesto para la tran$formación urbana $u$tentable” en la Cámara de Diputados. En este espacio participamos organizaciones de la sociedad civil, legisladoras y legisladores, y servidoras y servidores públicos para dialogar cómo podemos gastar mejor los recursos asignados para movilidad en las ciudades de México.

El seminario giró en torno al documento Invertir para movernos, prioridad inaplazable: diagnóstico de fondos federales para transporte y accesibilidad urbana en México. Se trata de un texto publicado por el Instituto de Políticas para el Transporte y Desarrollo (ITDP, por sus siglas en inglés) que analiza cómo se asignaron y ejercieron los recursos para movilidad en nuestro país durante 2012. Entre los hallazgos del estudio están que de los casi 13 mil millones de pesos ejercidos en inversiones para movilidad durante 2012, sólo una tercera parte se destinó en proyectos de movilidad sustentable y mejoras del espacio público. El 4% de dichos recursos se utilizó para mejorar la accesibilidad y movilidad de los peatones, solamente 1% se dedicó para inversiones en infraestructura ciclista, 9% se destinó para mejoras en el espacio público y 21% al transporte público (ITDP, 2013).

Seguir invirtiendo en vialidades para los coches es un error que nos cuesta muy caro: según datos del ITDP, perdemos hasta cinco años de nuestra vida y alrededor de 200 mil millones de pesos al año de nuestra economía por las congestiones viales. Además, hay 40 mil discapacitados y 750 mil heridos al año por accidentes viales. Todo esto sin contar que los automóviles son el medio de transporte más elitista, ya que acentúan las desigualdades sociales. A continuación se enlistan algunas transformaciones que son necesarias para empezar a modificar nuestra cultura y política de movilidad. 1. Transformación cultural: se requiere crear nuevos paradigmas del transporte.

El transporte se tiene que adecuar a las ciudades y a las personas, en lugar de que las personas y las ciudades se adapten al transporte. Tenemos que entender que movernos es un derecho; se trata de un derecho humano en sí mismo y es un derecho que permite el acceso a otros derechos: trabajo, salud, medio ambiente, educación, vivienda… 2. Transformación de la política fiscal: en México tenemos una política fiscal para movilidad y ambiental invertida, ya que incentiva el uso de automóviles particulares y desincentiva otros tipos de movilidad. Para empezar a resolver este problema, una posibilidad es diseñar un marco fiscal que impulse el uso de transporte público y no motorizado, y nos disuada de usar automóviles. Esta propuesta debe estar acompañada de una política de desarrollo y ordenamiento urbano integral. 3. Transformación de la política presupuestaria: el presupuesto es uno de los documentos de política pública más importantes con los que cuenta un gobierno porque ahí se pueden observar, sin demagogia, cuáles son las prioridades. Vaya, lo que no se presupuesta no sucede.

El ejercicio actual de los recursos, como se detalló anteriormente, deja ver claramente que las prioridades actuales del gasto para movilidad se encuentran en las obras de vialidad para automóviles: pasos a desnivel, segundos pisos, etc. Tenemos que transformar la manera en que gastamos los recursos para movernos de tal forma que reflejen políticas públicas coherentes con el desarrollo de las personas y generen condiciones de vida adecuadas para quienes vivimos y transitamos por las ciudades. 4. Transformación de las políticas públicas: existe una falta de visión integral en nuestras ciudades de cómo planearlas mejor para habitarlas mejor. Lo anterior se refleja en su crecimiento caótico, pero también en muchas de las decisiones de política de movilidad urbana que terminan afectando el libre movimiento de personas y mercancías. Las políticas públicas para movilidad tienen que ser transparentes e inclusivas, incorporar la participación de la ciudadanía y generar mecanismos de rendición de cuentas para que conozcamos cómo se toman las decisiones. Sólo así podremos corregir las malas políticas. Movernos mejor también implica hacerlo de manera responsable para las generaciones futuras. Ahora que se empiezan a discutir las reformas energética y hacendaria tenemos que introducir la variable intergeneracional en los argumentos: no podemos ser tan irresponsables como para gastarnos lo que generan los recursos no renovables en gasto corriente y dejar un mundo contaminado y sin posibilidades de producir energía. Por ello, aparte de generar energía de manera más limpia y sustentable, es necesario reducir nuestros patrones de consumo de la misma, lo cual pasa, necesariamente, por mejorar nuestra forma de planear las ciudades y de movernos por ellas.

Por: Diego de la Mora Maurer

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